Al principio era cristal, tenía un cuerpo quebradizo y transparente. Todo reflejaba en mí y no conseguía verme. Un día una brisa me hizo caer y me deshice en cientos de miles de pedazos y polvo de cristal. La brisa se llevó gran parte de mí y de entre los trozos afilados que quedaron ninguno podía volver a unirse. Así que decidí convertirme en vidrio.
Pasé a tener un color irregular y una forma abrupta. Era anguloso y opaco y nadie quería mirarme, hasta que un día un vidriero decidió mejorarme. Pulió mi superficie, me decoró y creó conmigo vidrieras multicolor. La luz pasaba a través de mí a través de formas extrañas y maravillosas. Sin embargo, el vidriero se marchó y al llegar la primera tormenta el viento me embistió sin compasión. Me rompí de nuevo sin que hubiese quién pudiese reparar mis juntas, unir mis pedazos y devolverme el color. En el suelo y formando un caleidoscopio decidí que sería más fuerte para resistir las tormentas. Entonces me convertí en madera.
Formé un puzle con formas geométricas y reorganicé mis piezas. La cabeza se mantuvo arriba para poder divisar el horizonte, el corazón lo coloqué en los pies para mantenerlo lejos de la cabeza y cerca del suelo. Era un tótem capaz de aguantar los vientos. Pero un día llegó el huracán, me agitó y me derrumbó. Perdí mi cabeza cuadrada y los brazos cilíndricos y como no encontré las piezas que había perdido, desmembrado amontoné lo que quedaba de mí. El corazón quedó expuesto a la intemperie y pronto comenzó a sufrir con el cambio de las estaciones. Nadie vino para cubrirme, así que la madera se agrietó. Quise ser robusto y resistir los huracanes. Entonces decidí ser hierro.
Fundí piezas para hacerlas más fuertes. Perdí altura para mantenerme cerca del suelo y guardé lo que quedaba de cabeza y corazón entre los amasijos de hierro. Así me mantuve durante un tiempo, pero la brisa me oxidó y me volvió rojizo. No podía moverme, el óxido había inmovilizado mis articulaciones y cada intento para sobreponerme era lento y doloroso. Había conseguido detener tormentas y huracanes, pero el aire me había dejado inservible. Como no podía mantener la agonía decidí ser más resistente. Entonces me convertí en acero.
Me construí como un titán, ensamblé piezas únicas, me diseñé resistente a los elementos. Excavé la tierra para sostenerme y me di altura para observar las nubes desde cerca. El tiempo no hizo mella en mi superficie metálica. El óxido no podía conmigo, los huracanes pasaron sin hacerme temblar, las tormentas refrescaron mi estructura, la brisa me hizo adormecer. Un día llegó el terremoto. Mi enorme armazón se desplomó sobre la tierra. El dolor de la caída me hizo rugir. Cada palmo de mi acero se deformó con agonía. Quise ser más flexible para aguantar los temblores. Entonces…
15/02/12 at 5:42 PM
Wonderful :’) Barely holding my tears here
19/02/12 at 2:40 PM
¿Por qué no habia leido esto? Te deja el corazón arrugado, pero una sensación extraña de batallas ganadas, lecciones aprendidas y trasmutación. Cambio.
Precioso.
Eres un talento con patas y flequillo
No cambies