Principios universales de lo imposible: destino y gravedad

Destino. 1.a Fuerza supuesta, principio o poder que predetermina los eventos. 1.b Los eventos inevitables predeterminados por esta fuerza.  2. Resultado final o consecuencia. 3. Destino desfavorable, fatalidad.

Gravedad. 1. Fuerza que sobre todos los cuerpos ejerce la Tierra hacia su centro. 2. Atracción universal de los cuerpos en razón de su masa.

 Una historia tiene tantas versiones como protagonistas intervienen, a lo que se añade el humor de cada protagonista según el momento en que se decida a contarla. Y hablo de historia porque la realidad, a fin de cuentas siempre queda al margen, semidescubierta o semienterrada según nos convenga a la hora de contar nuestros relatos.

La mía es una de tantas, de otras tantas historias que he contado entre desdichas y ocurrencias y que bien pueden llenar una noche entera tanto de risas como de lágrimas. Sin embargo, como la historia es precisamente mía, será mi versión parcial de la realidad la que imponga. Así esta historia tendrá tanto detractores como renglones pueda tener, y tendrán tanta razón como cualquier otra frase pueda dar a entender.  Porque sin duda alguna, cada cual entenderá lo que quiera entender.

Esta mi historia comienza como cualquier otra bajo una maldición de la que tenía constancia y de cuya existencia me negaba a reconocer. No es más que aquella que reza: “Aquél que reniegue del amor, en ese mismo instante, pesará sobre él un sentimiento profundo y amargo por la primera persona que se presente amable ante sus ojos”. Esto no es un mal de ojo de ninguna tradición romaní, más bien se corresponde con la autonegación y el autoconvencimiento de que aquellos que hemos sufrido por amor y hemos superado por completo nuestras heridas a partir de reinventar nuestras vidas en un giro egoísta y hedonista podemos, incluso si nos apetece, calzarnos con el anillo de los nibelungos sin que suframos ninguna desgracia por ello. Sin embargo, en la persistencia de nuestra ignorante autoconvicción olvidamos un principio tan universal como ineludible, que deseamos precisamente, aquello que no podemos tener.

Así ciertamente comienza esta historia.

A comienzos de un verano volví a mi ciudad natal. La vida me sonreía a su estilo. La jornada laboral no era intensiva y permitía ciertos lujos y en mi porvenir solitario la única persona que importaba era una misma, por lo que disfrutaba de tiempo libre para el ocio y de las compañías que me apetecían. La libertad del soltero es un bien preciado pero desconocido para muchos, ya que puede ser el tiempo deprimente en el que esperas, esperas y sigues esperando a volver a estar emparejado o aprovechas para quedar a cualquier hora con todos tus amigos sin necesidad de preocuparte por nadie más (ni pagar doble). Así deambulaba yo aquellos días en completa libertad en la seguridad de que si quería algún escarceo tarde o temprano se presentaría la ocasión y que la vida salvaje era indudablemente mejor que la doméstica.

Mi nueva actitud ante la vida se enfrentó de repente a un desafío. “Hay alguien a quien te encantaría conocer”. Ese tipo de frases están, en cada uno de los casos, envenenadas de manera doble o triple y sólo sirven para iniciar una serie de infortunios. Yo, por suerte, escapé de ello.

Hasta que recordé esa frase y mi maldición.

Nuestra mente a veces es sabia, o eso queremos creer y olvida ciertos datos de forma nada arbitraria. En mi caso, esa sentencia tan inocente quedó de forma latente navegando por mi subconsciente sin ningún aviso de salir hasta la superficie. Hasta que Ella me sonrió. Defcon 2.

Después de una tarde amena entre una marea de gente y varios retazos de conversaciones compartidas entre la multitud y pocos minutos a solas, o todo lo apartado que se puede estar entre el gentío, comenzó todo sin darme apenas cuenta. Puede que fuese el buscarnos inconscientemente esquivando a los demás o las tímidas sonrisas. Sin embargo recuerdo bien el momento en el que mi maldición empezó a expandirse. En un acto de imitación a Orfeo eché la vista atrás al despedirme con el convencimiento de que no la volvería a ver y había disfrutado de los pocos minutos que conseguimos agrupar. Eché la vista atrás con la desesperanza de que ya no estaría allí. Alcé la mirada y allí seguía ella… Y sonrió. El sol se ocultaba tras de ella y yo me volví deprisa para que no apreciase mi propio gesto. Yo también estaba sonriendo.

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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