Hace demasiado …

Hace demasiado tiempo que no me dedico cierto tiempo a pensar, a escribir. He faltado a una promesa personal, de esas que se hacen sabiendo de antemano que no seremos capaces de cumplir. Aún así, he dejado que el paso del tiempo deje en blanco las páginas virtuales del blog y por eso, entonando el mea culpa intento excusarme o retomar un proyecto cuasi-perdido.

Los últimos meses han pasado demasiado deprisa o más bien se diría que me adentré en una nueva dimensión, un universo paralelo en el que el tiempo se ralentiza. Pero no es excusa, las luces navideñas y el olor a castañas están en todas las ciudades. Los anuncios de freixenet, la lotería (con la gran ausencia del calvo de la lotería este año) y el almendro han vuelto a nuestras casas por navidad. Ese período del año en el que artificialmente decidimos pasar o pensar más tiempo en nuestras familias. Yo, en algún momento desde mayo, he venido a parar a diciembre. Ese mes del año fatídico y deprimente en el que nos apuramos por no haber conseguido aquello que nos fijamos un año atrás, en el que hacemos la temida recapitulación o el análisis de un año que puede no haber sido el que habíamos imaginado doce meses atrás. Pero aún no voy a adentrarme en esas arenas movedizas, porque es difícil salir de ellas. Sin embargo, intentaré algo no menos farragoso, explicar por qué no tengo palabras.

Una de las lecciones más impactantes e importantes sobre la literatura que aprendí es que no existe historia sin conflicto, por lo que no hay contenido sin una situación desgraciada. Supongo que de ahí viene mi teoría (y firme convicción) de que la felicidad no conduce al arte. No es por hacer una comparación sobre mi escritura (lejos de decir escritor, prefiero escribiente, fuera de ornamentos literarios)  pero sí es cierto que el arte surge del conflicto y ningún artista o creador que se precie contemplará la felicidad como fuente de inspiración. Dicho esto, creo que mi parte más creativa ha desistido de pelear batallas infructuosas y ha dejado paso a mi lado pragmático y realista. Puede que sea una pena, puede que no. Sin embargo, cómo ya no sé qué más decir, porque he perdido el sentido de escribir al aire. Mientras decido por qué retomarlo.

Preferiría no hacerlo.

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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