Madrid me mata

En la vida hay dos tipos de pasiones irrefrenables e inagotables, aquellas que te consumen entre desesperación y ansia. En primer lugar están  las de pertenencia, esas que colapsan tu sistema nervioso y te impiden respirar, dormir o pensar con claridad. Estas son más típicas y localizadas entre los jóvenes, aunque no es endémico de la edad, sino del espíritu. Sin embargo, existe otro tipo de pasión incontenible no menos impetuosa: el amor – odio.

Es esta relación amor-odio la que me hace oscilar entre la devoción y el desagrado por Madrid. Le debo al menos unas palabras, después de mis idas y venidas silenciosas, de mis escarceos con otras ciudades y de mis despedidas a la francesa. Porque a mí, como a tantos otros, Madrid me mata.

Madrid es una zorra ingrata, una amante despechada y caprichosa de corazón de hielo. Así convenimos describirla algunos de los conversos y apóstatas. Madrid te emborracha y te desnuda en un rincón, como una amante que te manosea en la oscuridad mientras sabe que tú no la deseas, y al llegar la mañana se esfuma sin darte un beso en los labios.

Madrid no está cuando llegas, sino cuando ella te encuentra. Te seduce como una mujer pícara, se maquilla para disimular que no es tan atractiva en el físico como otras y se viste para deslumbrar a primera vista. Se hace la alocada y la dicharachera, la que lo sabe todo y más, la que no deja de sorprenderse y retarte. Y mientras la rechazas, la apartas de ti porque sabes que no te conviene, porque va a jugar contigo y en un momento etílico o de locura te dejarás hacer, en medio de la calle o en un bar de madrugada, y entonces te atrapará.

Primero apartas sus caricias frías y mal intencionadas, pero dejas que se acerque a ti. Te susurra al oído sus desvaríos y descubres que comienzas a sonreír cuando hueles la intensa mezcla entre perfume, sudor y alcohol. Permites que te mande callar con los dedos de una mano mientras con la otra sujeta una copa de vino e intenta rodear tu cintura. Entonces se ríe y tú has caído.

Al principio lo negarás todo, tantas veces como haga falta, serás otro san pedro siempre sintiendo tu propio engaño. Y poco a poco querrás volver a encontrarla, en un acto de placer íntimo y prohibido, pues sabes que ese momento fugaz se esconde en algún lugar. La buscas a pleno día y a veces se deja ver bromeando entre cañas por La Latina; algunas tardes te sientas a su lado mientras toma un café por el 2 de mayo. Una noche te chocas con ella mientras fuma en Huertas, pero se escapa y le pierdes la pista por Tribunal. Una mañana te la imaginas tomando el sol en el Retiro, pero vas a buscarla al atardecer al templo Debod.

Sin darte apenas cuenta te ha hipnotizado con sus ritmos frenéticos y su aire de superioridad. Te embelesa con sus graciosas imperfecciones y te hace añorar sus pequeños vicios hasta que te has convertido en otro de sus amantes. Sin embargo, no tienes celos por compartirla con otros cómplices de pecado porque ese placer desgarrado sólo te lo dedica a ti en la intimidad.

Madrid te deja marchar, pero no te abandona. Como una amante que nunca dice adiós porque sabe que volverás a buscarla. Y por impulso te sentirás arrastrado a los rincones que te enseñó. Una niña mala que te besó bajo el cielo del CBA y te dejó vagando sin rumbo por Gran Vía.

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Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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