Hablar por hablar

Whatsapp, chats, skype, mensajes, mails, más chats, sms al móvil, postal de vez en cuando, carta rara vez. Así tenemos cientos de formas de comunicarnos y al final, prácticamente ninguna. Demasiada saturación y escaso tiempo para manejar tanta información o quizá demasiada gente y escasa atención cuando realmente queremos hablar. Tantos medios y tantas formas de perdernos.

Recuerdo con una sonrisa un tanto maliciosa un anuncio de telefónica para una campaña de llamadas internacionales a fijo en la que dos adolescentes con su uniforme a cuadros, en lo que se sospecha un internado veraniego en un colegio católico británico, contestaban a un teléfono con desgana y angustia y después de colgar gritaban:

– ¡¡15 minutos!! ¡¡Y todos los días!!

Era un fiel reflejo de cómo me sentía yo cuando mis padres me llamaban cada vez que me aventuraba fuera de casa, ya fuera un fin de semana o seis meses. Sus llamadas persistentes y monotemáticas siempre me acompañaban prácticamente a diario. Aunque por fortuna el periodo Erasmus los hizo despegarse un poco (telefónicamente hablando, ya que estaban obligados a la separación geográfica, menos mal), nunca cesaron en su empeño por mantener conversaciones que rondaban básicamente estos pilares: salud, tiempo, alimentación, salidas nocturnas y horas de recogida. Ilustrando este tipo de diálogos (o más bien monólogos continuados respondidos con monosílabos) en la época en la que los móviles y los viajes en interrail o compañías low cost se hicieron más populares y generalizadas, apareció un nuevo anuncio no menos fidedigno, esta vez de movistar. En él un joven viajaba de un país a otro y respondía a la llamada de sus padres al móvil (aunque bien podemos asumir que era a su madre) para contestar, más o menos:

–          Bruselas. Llueve. Pasta

–          Amsterdam. Sol. Hamburguesa

–          Berlín. Nublado. Salchichas

Destacando el sobrecoste de las llamadas internacionales a móviles para el portador, el mochilero que compra el pan de molde más barato del súper y tira de latas de mejillones españoles dándoles un tour europeo, y la típica conversación padres – hijo tan estereotipada pero veraz de cuando uno se va a vivir la vida (loca, pues los que se quedan en el país de origen siempre asumen que es loca) fuera. Y será por nuestra asunción de este tipo de conversación, automatizada hasta la saciedad, que inconscientemente transformamos nuestras anteriores tirrias  y aversiones en nuestra propia manera de comunicarnos en situaciones similares.

Debido a la diáspora española por el mundo, una realidad más estructural que coyuntural, por mucho que algunos quieran maquillarla, inyectarle botox o enterrarla en el jardín; ahora sigo la desidia de ese patrón conversacional de línea madrera cuando hablo (skype/whatsapp por wifi/chat FB) con mis exiliados favoritos. Y he de reconocer que me produce un terror claustrofóbico preguntar por el alojamiento, el clima, la comida o los compañeros de trabajo, observando cómo la conversación de torna vicio e inercia. La comunicación se queda en un “sigo vivo y estoy bien” camuflado entre frases y poco a poco vamos perdiendo el contacto aunque seguimos escribiendo. No me malinterpretéis, me interesa cómo es vuestro apartamento, envidio vuestro clima, sé que no tenéis problemas con la comida y que en el trabajo va bien. Sin embargo, no quiero que me habléis de eso, no me tratéis como lo que está al otro lado, no me permitáis caer en la dinámica del “qtal”.

Yo quiero que nuestras conversaciones sean las de siempre, las que no tienen pantalla de por medio. Hablar de la última película que habéis visto, qué pasó ayer cuando os caísteis en medio de la calle, a quién habéis conocido y creéis que puede haber algo,  ese nuevo grupo que os han pasado, qué ingrediente extraño habéis comprado para la comida, qué programa odiáis de esa televisión, qué burrada habéis soltado en mal momento…

Yo me quiero reír, quiero criticar, quiero echaros la bronca, quiero animaros y no quiero deciros qtal porque no quiero echaros más de menos.

(sí, tiene un tono triste, pero es una canción que me encanta)

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

Y tú qué?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: