Hasta la vista, baby

Los comienzos siempre son excitantes, de ahí que los intelectos más privilegiados se dediquen a desentrañar los orígenes del universo mismo. Conocer el lugar y momento en el que todo surge, en el que la materia se convierte en entidad. Desvelar el misterio del desconocimiento como si de una leve bruma se tratase o descubrir la magia como si soplásemos el polvo acumulado sobre el libro de la Historia del tiempo. El instante más íntimo del porqué de las cosas.

Cuando entramos en contacto con otros idiomas, la experiencia vicaria ya nos advierte que la nueva cultura presenta un modo de pensar diferente, la realidad se concibe a través de otras manifestaciones del lenguaje. Escrito así no deja de ser rimbombante, sin embargo, para aquél que ha experimentado esto no supondrá un obstáculo la idea de asociar cultura a modo de expresión diferente. Es más, ésta es en muchos casos la clave por las que uno es capaz de valorar otras culturas/idiomas (de la cultura al idioma o viceversa) y ampliar las fronteras mentales hacia otras formas de contemplar el mundo que a veces nos limitan con barreras de invisible resistencia a lo diferente.

En este viaje a lo fantástico y primigenio se encuentra la etimología de las palabras. Una ciencia un tanto apartada de las estanterías principales de la biblioteca pero apasionante igualmente. Estamos acostumbrados a leer sobre Darwin y su Origen de las especies o los artículos de Arsuaga sobre el hombre primitivo, sin embargo, el origen de las palabras se esconde un poco más allá, entre enciclopedias y diccionarios, un tesoro fascinante.

Circunstancial y desafortunadamente últimamente escucho a diario “por si no te veo más”, “ya no sé si nos veremos”…y “adiós”. Ésta en particular es una palabra que siempre he odiado, por eso me he preguntado sobre su origen etimológico. En principio no tiene nada de extraño, excepto si queremos destacar como excepcionalidad la esencia católica de la palabra. No obstante, como el cristianismo ha impregnado la lengua española desde sus comienzos no debería de llamarnos la atención este remanente. “A la buena de Dios” o “A Dios encomiendo tu alma” ha quedado en “adiós”, una frase habitual para despedirse que evito decir o escuchar y podemos decir los mismo del inglés “goodbye” desde el “God be with you” o el “addio” o “adieu”. Ese carácter de incertidumbre de un tiempo prolongado de tiempo que ha de pasar entre un “adiós” y un simple “hola” me parece eterno y desgarrador. Por más que sea definitivo o sin duración predeterminada prefiero los “hasta luego”. El sayonara 左様なら o última mirada es desolador tan sólo al pronunciarlo. Se hace más liviano un “adieu jusqu’au revoir” o mero “au revoir” o “arrivecerci”, porque no dictan una sentencia, dejan espacio para la esperanza de la vuelta, del rencuentro. Sólo hay cabida para un adiós o “una última vez que” y aún así, tampoco llegaría a emitir esa palabra a mis oídos funesta y desapacible. Por lo tanto, desde aquí hago un llamamiento, nunca digáis adiós, en ningún idioma cuyo significado sea similar a esa certeza de la despedida,  usad un “hasta luego”. No perdáis la esperanza.

Para que comprobéis el tono lastimero de un 左様なら, así ¿quién no va a temer las despedidas a beneficio de las fábricas de pañuelos de papel! Mejor lo dejamos como uno de los finales más famosos del cine moderno, todo un clásico que en español se dobló como un “Sayonara, baby” pero que en su versión original fue:

PS: y además…¿a que no fue ni adiós ni sayonara?;)

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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