¡Pasajeros al tren!

Trenes.

Me encanta viajar en tren, sé que es una declaración un tanto carcomida entre la nostalgia de otros tiempos y el posmodernismo vintage, sin embargo me apasiona viajar en tren y no responde a modas o añoranza por otra vida [¿mejor?]. El tren conforma no sólo un medio de transporte sino una filosofía de vida, dentro de un vagón el viaje se convierte en experiencia y la estación de destino es simplemente un alto en el camino. Me apasiona viajar en tren, os aviso.

Una amiga me dijo recientemente: “¡Qué fácil eres de seducir! Una foto en un tren y el viento en la cara y ya te han conseguido”. No le faltaba razón, viajar en tren es todo un acontecimiento que pocos reconocen o están dispuestos a realizar, de ahí mi completa fascinación por quien comparte mi espíritu inquieto de viajera entre raíles. Puede que estéis dudando de mi cordura y estéis pensando en los modernos avances de la infraestructura ferroviaria: TGV, AVE, tren bala, los fantásticos SNCB belgas, los eficientes NS neerlandeses… Son excelentes medios de transporte, rápidos y cómodos, sin lugar a dudas. No obstante, las experiencias en estos trenes ultramodernos no pueden compararse a la gracia de la red ferroviaria italiana, el encanto de la polaca, de la singularidad marroquí o el exotismo de la india. Por situar algunas de mis experiencias.

El viaje en tren es toda una aventura que comienza mucho antes que el tronar de la locomotora inicie su camino, es anterior incluso a la llegada de la estación. La entrada en una estación de tren siempre es sorprendente, desde la admiración de grandes edificios descomunales y magníficos como Centrale en Milán o Centraal en Amberes a la particularidad de las pequeñas y desvencijadas como Puszczykowo; o las bulliciosas y coloridas como Grand Central o New Delhi. Las estaciones de tren tienen una vida propia que hipnotizan al viajero y le proponen acertijos y enigmas antes de emprender su viaje. Mientras que nos hemos acostumbrado al proceder automático de los aeropuertos, sus controles y pasos, las estaciones de trenes conservan una personalidad propia y especial. Como aspirantes a Indiana Jones, las estaciones nos presentan retos a conseguir para continuar con nuestra misión:

Primero debemos situarnos en el mapa, recorrer sus rincones para localizar nuestros objetivos: tablón, baños públicos, taquillas, sospechosos de robo o asalto, entradas, acceso a las vías.

Después tenemos la tarea de desencriptar el código del tablón central de salidas y llegadas: reconocer cuál es nuestro tren, su hora y su vía de salida.

Ahora es el turno de descifrar el rito de comprar un billete y vencer a los pequeños adversarios en la cola, hacer acopio de idiomas y paciencia y preparar alternativas a la escapatoria.

Llegados a este punto, la emoción continua pues si hemos atravesado con éxito los pasos previos debemos acceder hasta el andén y localizar nuestro vagón, en el caso de que haya verdaderamente un vagón asignado. Esta parte es la más apasionante pues debemos luchar contra elementos atmosféricos (lluvia, humedad, tormentas, calor extremo, nieve); físicos (tiempo a contrarreloj, peso del equipaje, habilidades motoras); culturales (idioma de los signos) y sociales (el resto de viajeros que lucha por entrar a la vez) para conseguir nuestro ansiado asiento.

Una vez pasado por todo esto podemos y nos acomodamos en nuestro sillón, olvidando el dolor del esfuerzo en la espalda y las gotas de sudor que nos recorren debido al esfuerzo, el silbido espectacular de la locomotora nos anuncia el comienzo del viaje.

Es en ese momento de sentir el vaivén cuando nos relajamos y empezamos a estudiar nuestro entorno, quiénes son nuestros acompañantes, cuál es nuestro espacio, cuáles nuestros víveres para el trayecto, cuáles las posibilidades. Es todo un estudio antropológico para quien esté dispuesto a realizarlo. Delante de ti se abren miles de posibilidades de encuentro cultural a tu alcance o a la espera de compartir una pequeña experiencia.

A la mayoría de turistas el tiempo les apremia, en realidad es una obsesión que por unos motivos u otros nos alcanza a todos, sin embargo, las horas de viaje en tren se viven con más intensidad que el mismo trayecto en avión. Puede no es la mejor opción en todos los casos (un trayecto Chennai-Mumbai puede durar 28 horas mientras son apenas 2 horas en avión) pero las conversaciones con compañeros y extraños, contemplar la rutina extraordinaria dentro de un tren es simplemente increíble.

El asiento de un tren proporciona un enclave especial para fomentar la conversación, quizá por la promesa de un viaje largo en el que la vida se puede alternar con el descanso o por el hecho de que la cercanía a los demás convierte un pequeño ofrecimiento de comida en todo un acto de amistad. Lo cierto es que la vida en el tren es diferente a cualquier otro medio de transporte y los pequeños rituales, como el carrito de comida, son únicos en cada lugar.

La comida es un elemento que aúna y la manera más auténtica de conocer otras culturas. El paso ignorado del carro de café con desgana por los pasillos italianos, el té reconfortante polaco o los aromas especiados de la india te enseñan a apreciar otra forma de ver el mundo. Y hay que atreverse a seguir mirando: las abuelas marroquíes que se dedican a fumar después de dar cuenta de pastelitos almendrados de miel; el ejecutivo holandés que engulle un sándwich de pollo y pepino sin tiempo de disfrutarlo, los jóvenes italianos que se atiborran de patatas fritas sin parar de hablar y reírse…  Todo sigue con su habitual ritmo sin que se perturbe por nuestra mirada.

La libertad de movimiento es otra condición por la que es mi transporte favorito, quizá nuestro asiento sea incómodo, pero disponemos de la facilidad de recorrer a pie tantos vagones como deseemos. Observar al resto de pasajeros y sus rarezas o la simple estampa de otra forma de viajar. Sin olvidar la mejor cualidad de un viaje en tren: observar el paisaje. Mientras el aire nos deja en ocasiones divisar las cordilleras, mares o áreas verdes bajo nuestros pies, el ferrocarril posee el encanto de atravesar la tierra y cruzar puentes, dejando a izquierda y derecha una panorámica de nuestro trayecto. Gracias al tren he distinguido desiertos, junglas, campos sembrados, rascacielos, bosques impenetrables… con la magia de abrir una ventana o incluso una puerta y disfrutar del viento en la cara. Asomarme al exterior y sentir que la vida se esconde en esos pequeños gestos.

De vuelta al vagón y a sus horas que nunca me han parecido interminable con el traqueteo del tren como banda sonora entre barajas de cartas, juegos de palabras, conversaciones que se prolongan hasta días después o cabezadas en el hombro de un compañero. Viajar en tren es una de las mejores experiencias que puedo narrar o recomendar.

Y si os he animado a subir al tren, acompañadme a una nueva aventura en un tren legendario: el transiberiano. Última parada Vladivostok. ¿Algún trotamundos? Os espero.

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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