Orgullo y prejuicio

Creo que a Jane Austen nunca se le habría ocurrido que el título de su obra y sus cuestionamientos sobre el matrimonio y la moralidad o las tradiciones encajarían perfectamente bajo una bandera del arcoíris. Pues entre orgullo y prejuicio existe una eterna lucha que se intenta vencer cada día y con mayor hincapié en estas fechas del año.

Será el primer año tras cuatro consecutivos que no acudo a las fiestas del Orgullo en Madrid (con mayúscula porque se ha convertido en la celebración más importante a efectos turísticos de la ciudad) ni alterno con el tímido pero cada vez mayor Orgullo del Sur en Sevilla. Aunque pensar que el clímax de esta carrera de celebraciones fue entrar en Cibeles subida en una carroza mientras familias enteras, abuelas, turistas asombrados y en general gentes de todo tipo bailaban, ondeaban banderas y sonreían a tu paso en un mosaico de imágenes indescriptibles, es algo que nunca olvidaré; y que tengo que agradecer enormemente a SDV.

Probablemente sea también el primer año en el que mi madre no recupere nuestro eterno debate entre orgullo y prejuicio; pues pese a que son unas fiestas con las que coincido en el fin, tengo cierto desapego con algunos medios. Aún así reitero cada año mi posición de que la visibilidad ayuda a que la sociedad acepte realidades, que nada sirve mantener oculto la verdad, si no es porque nos desagrade contemplarla. Mientras mi madre termina preguntándose en qué ayuda a la igualdad de derechos que un trans, con un manejo del taconazo y depilación envidiable, se pasee en tanga con una boa, yo resuelvo que un día de inhibiciones libera más que 364 días de traje, misa y corbata; y por qué no, realmente hay mucho que celebrar, son años y años de discriminaciones, golpes y humillaciones para poder salir a la calle sin miedo.

Este año será el primero que no acuda con ganas de dejarme sorprender, de recorrer las calles atestadas de colores, formas y músicas y es el año en el que comprendo lo que es la libertad más allá de una de las calles de Chueca.

Cuando en Madrid desfilan las carrozas desde la Puerta de Alcalá con cientos de himnos no estamos gritándole a España que no nos importan las etiquetas, estamos demostrándoselo al mundo. Nos convertimos en ventana de la tolerancia y damos esperanza a muchos otros que no gozan de la libertad que tenemos en España. Cada vez que leo cómo en términos económicos y políticos nos avasallan continuamente, repaso los países y su lista de derechos reconocidos… Quizá no podamos enorgullecernos del sistema financiero, pero debemos mantener la cabeza bien alta cuando hablamos de nuestros derechos. Simplemente no nos paramos a pensarlo, hasta que los perdemos.

Este año será el primer año que no acuda al orgullo, porque cualquier tipo de manifestación por la libertad personal está prohibida en mi nuevo país, con la maliciosa y retorcida apostilla de prohibición durante 100 años. Y no queda en una maldición centenaria, desde el mar Báltico, cualquier acto o palabra que haga “ostentación” (porque esto es extremadamente subjetivo) de la homosexualidad está multado y hasta penado con prisión en determinados casos. Podréis imaginar que lo gay friendly es escaso en una ciudad de más de 10 millones de habitantes, pese a que por simple ley de probabilidad y como las meigas: haberlas, haylas. Y sólo por mencionar mi residencia actual y no recurrir a situaciones dramáticas y hasta surrealistas que van desde la pena de muerte al Don’t ask, don’t tell. En países como Ruanda, Irán, Arabia Saudí, Mauritania, Yemen, Sudán y Nigeria la homosexualidad conlleva pena de muerte; en otros 23 países resulta en encarcelamiento… Hay mucho que reconocer y camino por recorrer.

Así que este año no puedo salir a la calle a divertirme, a conocer gente, a posicionarme a favor de ser libres y no tener etiquetas, a permitir que cada cual sea como prefiera ser… y me quedo delante del ordenador, esperando las fotos, los comentarios, los videos de los que acudirán sin mí y me pongo a pensar…

Pienso en qué queda por hacer y qué hemos logrado; repaso los momentos en los que damos por sentado cómo son los demás, imponiendo nuestros prejuicios, por más liberales que aleguemos ser y no damos opción a lo diferente; recuerdo los malos momentos de insultos y de golpes y cómo se han ido borrando;  hago memoria del antes y el después, de cómo hemos cambiado… Y sonrío.

Visto una sonrisa porque pienso en los pasos de cada uno de los valientes que ha decidido plantarse y decir “yo soy así”; pienso en los gritos que se han convertido en abrazos; pienso en los miedos que se disiparon en voz alta; pienso en los amigos que te han levantado del suelo, te han cogido de la mano y te han defendido; pienso en los golpes recibidos que se transformaron en victorias; pienso en la vergüenza que se ha convertido en orgullo. Y me enorgullezco de los que celebran el Orgullo por los demás y no por ellos mismos, de aquellos que se han dejado llevar y han comprendido que no hay nada que aceptar ni que tolerar, sino simplemente ser.

Y sonrío.

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

3 responses to “Orgullo y prejuicio

  • mandragora

    Caminante, el camino se hace al andar… Siempre estará la satisfacción de que, no sólo luchamos por nosotros, si no por los que vendrán mañana: nuestros hijos, y sus hijos…. Pasitos de hormiga, pero pasos al fin y al cabo😉

  • mandragora

    Por cierto, viniendo a cuento, pero sin venir: ¿te has leido orgullo, prejuicio y zombis? EPIC!

    • Blogger-a-sueldo

      Lo tengo en mi lista de pendientes, me lo fui a comprar pero sólo lo encontré en español cuando salió. (si lo tienes déjamelo el año que viene, pliz)
      De momento me contentaré con ver Abraham Lincoln vampire slayer =)

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