¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Echar la vista atrás es un buen ejercicio: nos agudiza la visión, evita que se nos agarrote el cuello, ayuda a la agilidad mental y nos ofrece una perspectiva única para poder valorar nuestros pasos desde entonces. Si además conseguimos mirar hacia el pasado sin el impedimento visual de la nostalgia, que todo emborrona con una neblina cálida y agradable, estaremos en la posición ideal para apreciar el recorrido. Todo esto es para decir que rememorar, lejos de ser dañino, a veces nos deja ver con mayor claridad lo afortunados que hemos sido.

Hace justo un año podía situar el declive de una trayectoria que sólo iba en descenso: destierro, desempleo, descorazonamiento, desaliento… Y sólo de pensar en el cambio de la situación me da vértigo y siento mareos. A veces, cuando buscamos el fondo sólo para dar con la certeza de que lo único que nos queda es ascender, un pequeño cambio, una ruptura, una pequeña liberación, nos pueden indicar el camino hacia la luz.

El año pasado mantenía mi creencia en que todo fluye, y las épocas malas solo dan lugar a las buenas, sin embargo,  las lágrimas de rabia asientan la duda y la ansiedad. Y sus ramas se extienden deprisa y florecen con frutos muy amargos…

No obstante, hace de eso un año y no sé qué pequeño y crucial momento hizo girar el mundo. Quizá fue retomar una conversación perdida que nunca quise abandonar o la voz que desde las sábanas me incitó a rebelarme, ¿quién sabe? Hace un año no había leído este pequeño cuento

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: «¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?». Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?». Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

La vida se teje, como un gran tapiz y debemos saber hilar los momentos. De unos pasamos a otros, pero se mantienen interconectados y nos forman, nos modelan, nos dan color o matizan nuestras sombras. ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? Pero es bueno, poder mirar atrás y decir: ¡gracias!

Acerca de Blogger-a-sueldo

No suelo seguir el curso normal de las cosas, eso siempre ha sido algo innato en mí.¿Por qué?A eso ya no podría responder, pero no es cuestión de rebeldía. Simplemente…es así. Hace ya un par de años, como viene siendo común, emigré de mis tierras queridas del sur para buscar una vida mejor en la capital. Pero no es todo tal y como lo cuentan. Da igual dónde te encuentres, becario eres y becario serás. Realmente deberían darle un “premio” a aquél que en su día dijo: “Vamos a poner a uno aquí que sea becario, así le pagamos una mierda y nos ahorramos una pasta y lo ponemos a currar como cualquier otro”. Bajo esta premisa, ¿qué hacemos? Una solución parece ser es emigrar a Alemania o buscar trabajo de amplio espectro (desde las cafeterías a las oficinas) porque para ser becario hoy en día necesitas como mínimo una licenciatura máster. Y digo como mínimo, porque ya hay personas que los acumulan, porque así al menos, tienes más papeles que malgastar para el cv…. Así que en la búsqueda de algunos eurillos que paguen las cañas de los viernes en la que maldecimos al mundo y ahogamos penas, decidí convertirme en blogger a sueldo. Ver todas las entradas de Blogger-a-sueldo

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